Hay muchas cosas que nos hacen infelices y una de las que más infelicidad nos causa es el sobrepeso.  ¿Será que el sobrepeso y la infelicidad van de la mano?

Mercadotecnia peligrosa.

Los medios de comunicación, desde el periódico y la televisión hasta las redes sociales, llevan años educándonos con la imagen del cuerpo perfecto.

Vemos a mujeres que tienen cuerpos perfectos, siempre acompañadas del hombre perfecto, en el ambiente perfecto.

Todas hemos visto una foto más o menos como esta: Una mujer espectacular en bikini rojo, con lentes obscuros y sonrisa perfecta, al lado de un hombre 20 veces más guapo que cualquier James Bond , en un yate de super lujo… y con esa imagen nos venden unos lentes que protegen los ojos contra los rayos UV.

Obviamente en nuestra mente inconsciente lo que “lee” es: “esos lentes me van a hacer feliz”.  Y es precisamente eso lo que se busca con ese tipo de fotos, así es como funciona la mercadotecnia, y con una simple imagen a todas nos dan ganas de tener esos lentes; brillante ¿no crees?

Pero más allá de los lentes de la felicidad, ¿qué otra cosa está registrando nuestra mente?

Lo que nos dice esa imagen, que es algo que se graba en el fondo de nuestra mente inconsciente, es que para estar felices como la modelo debemos ser como la modelo. 

Para tener al hombre perfecto al lado, para estar en el yate de lujo y para vivir con la sonrisa perfecta, tenemos que ser diferentes.

Y pasa lo mismo con todas esas cuentas de Instagram que seguimos de mujeres con el cuerpo perfecto que suben y suben fotos felices en diferentes situaciones de felicidad plena.

Independientemente de que ese cuerpo y esa felicidad seas reales o no:

Ese tipo de imágenes nos taladran en la cabeza que como estamos no estamos bien.

Estas imágenes nos empujan a compararnos con la mujer feliz, y el 95% o más de las mujeres NO estamos como ella.

Obviamente esta comparación, en la que siempre salimos perdiendo, nos lleva a rechazar lo que somos y entonces:

Odiamos nuestras chaparreras, nuestra celulitis y nuestros brazos.

Nos decimos cosas como, de la cintura para arriba me gusto, pero odio mi cadera y mis piernas.

Pensamos, si me pudiera quitar esta lonja sería feliz.

Al vernos en el espejo nos decimos “odio esta maldita panza”.

Cuando nos vestimos pensamos: “No soporto el gordito que se me hace con el brassier”.

Y mil cosas más en las que ya nos hemos hecho especialistas.

Somos especialistas en enfocarnos en todo lo que odiamos de nuestro cuerpo, porque no es “perfecto”, no es la “perfección” que vemos todos los días por todos lados.

Rechazamos lo que somos buscando así lograr ser lo que no somos.

Y con ese rechazo que inunda nuestro día:

 Inundamos nuestro cuerpo con las hormonas que nos hacen subir de peso.

Es precisamente la forma en la que nos tratamos la que nos hace engordar, la que nos hace tener ansiedad, la que nos hace comer de más y la que nos hace odiar nuestro cuerpo.

Nadie quiere vivir en un lugar que odia, pero como estamos “condenadas” a vivir en ese cuerpo entonces nos hundimos en la infelicidad.

¡Ya basta!

Vivimos infelices, rechazándonos y torturándonos para cambiar, para dejar de ser lo que somos y convertirnos en alguien que muy probablemente no vamos a poder ser nunca.

Vivimos soñando en el amor que vamos a encontrar cuando bajemos de peso, en lo que nos van aceptar cuando se nos quite la celulitis, en lo que nos van a admirar cuando nos entren esos jeans,  en lo que va a decir la amiga, el vecino o el novio cuando perdamos esos 5, 10 o 20 kilos que tenemos de más, y se nos pasa la vida viviendo en un futuro que no llega.

Dejamos de disfrutar el hoy con la falsa promesa de que vamos a empezar a disfrutar mañana, y se nos pasa la vida con un presente infeliz y un futuro que nunca llega.

Buscando ese futuro llevamos años torturamos con estrategias de odio como las dietas, las horas y horas de ejercicio, los masajes que nos dejan las piernas moradas, las inyecciones de peligrosos químicos, las super dañinas pastillas para adelgazar y muchas otras estrategias de odio.

Esas estrategias nos recuerdan y reafirman la estúpida idea de que como estamos, estamos mal.

Y cada una de esas estrategias nos llena más y más de frustración, de ansiedad, de desesperación y de odio.

Cada vez que repetimos una de estas estrategias fracasamos y con cada fracaso somos más y más infelices.

El secreto de la infelicidad es no aceptarnos como somos.

 No nos damos cuenta de que para cambiar lo que somos primero debemos aceptarnos como somos.  ¡Esto es psicología básica!, no puedes cambiar lo que no aceptas.

Y no sólo nos pasamos la vida soñando con el futuro que no alcanzamos, sino que en  ese camino de tortura que creemos que nos va a llevar a nuestro sueño, vamos compensando el vacío que sentimos por la falta de felicidad con cosas, cosas como los lentes, o el bikini rojo, o la bolsa, o los zapatos, o mucho sexo, o el alcohol, o lo que sea con lo que nos han hecho creer que es lo que nos va a llevar a ser felices.

En el tema del peso, a menos que tu salud ya esté comprometida:

La realidad es que no buscamos ser flacas, buscamos ser felices.

¡Ya basta de estar correteando la infelicidad!

¿Cuánto tiempo más vas a perseguir la infelicidad?

Ya es momento de dejar de sentirnos mal por nuestro cuerpo, es momento de aceptarnos como somos, pues como somos YA somos perfectas.

Es momento de soltar todo eso con lo que hemos contaminado nuestra mente y de regresar a nuestra base, nuestra base es este cuerpo, este cuerpo que hemos rechazado por imperfecto, este cuerpo al que le hemos hecho el feo porque tiene celulitis, estrías, manchas y cicatrices. 

Nuestro cuerpo es nuestro templo y es el único lugar que tenemos para vivir, es donde sentimos, reímos, lloramos, crecemos, envejecemos y creamos.

El miedo por no ser la de la foto nos ha llevado a odiarnos, y ese odio nos ha llevado a desconectarnos de nuestro cuerpo, a alejarnos de nuestra casa separándonos de nuestra piel.

Y esa desconexión es precisamente la que ha lastimado nuestro cuerpo y es la que ha hecho que acumulemos más grasa de la que debemos acumular.

Por que nuestro cuerpo NO está hecho para tener grasa de más, es falso eso de que el cuerpo está programado para acumular y acumular grasa, si así fuera todos tendíamos kilos y kilos de grasa extra y el que no la tuviera estaría enfermo.

Nuestro cuerpo está programado para sobrevivir y en exceso de grasa no le ayuda a sobrevivir.

Llevamos años negando nuestro cuerpo, no queremos vivir en él y lo que hemos logrado es salirnos de nuestro cuerpo, así que mentalmente no vivimos en él, vivimos desincorporadas, fuera de nuestro cuerpo.

En teoría aquí estamos, pero en práctica estamos en otro lugar, en un futuro inexistente con un cuerpo que hoy no es el nuestro.

¡Ayuda!

El sobrepeso es un mensaje del cuerpo, un mensaje que nos dice que debemos hacerle caso a lo que está pasando adentro de nosotras, a nuestras emociones, a nuestros sentimientos, a nuestra alimentación, a nuestros pensamientos y a mil cosas más.

Si no estamos en nuestro cuerpo no podemos oír el mensaje, entonces se sigue expresando como sobrepeso.

Sólo estando desincorporadas es que podemos comer de más, si vives bajo tu piel no puedes hacerlo, tu cuerpo no te lo permite.

Sólo viviendo fuera de nuestro cuerpo es que podemos darnos atracones.

Sólo viviendo fuera de nuestra piel es que tomamos malas decisiones de alimentación.

Porque no  podemos escuchar a nuestro cuerpo si no estamos mentalmente dentro de él. Tú más o menos ya sabes qué comer para estar sana, pero si no vives bajo tu piel no puedes conectar la mente con el cuerpo, y entonces el cuerpo sin la mente creativa que es la que toma las buenas decisiones, pide y pide cosas para sentirse bien.

Las cosas que nos hacen engordar nos hacen sentir bien, porque actúan como una droga.

Las cosas que más nos hacen subir de peso estimulan en el cerebro la misma zona que se estimula con drogas como la cocaína.

El vivir desincorporadas nos lleva a drogarnos; con comida que nos hace engordar.

Cuando estamos desincorporadas es cuando tenemos angustia y ansiedad y es eso lo que nos lleva a comer lo que nos hace subir de peso, porque el cuerpo va a buscar sentirse bien y esa comida lo hace sentirse bien. 

Los antojos incontrolables son un grito de ayuda de nuestro cuerpo.

Ya es momento de regresar a nuestro cuerpo, de disfrutar la vida viviendo bajo nuestra piel.

Regresa a tu cuerpo, siéntelo, escúchalo, acéptalo y ámalo, y con ese amor puedes guiarlo hacia la transformación.

El primer efecto secundario de regresar a nuestro cuerpo es que bajamos de peso., soltamos todo lo que no nos sirve.

Si te das la oportunidad, tu mente y a tu cuerpo unidos te llevan a ese lugar al que quieres llegar.

Pero para eso tienes que permitirles que se unan, tienes que aprender a vivir bajo tu piel.

Reincorpórate y ámate hacia la transformación con mi programa Enamórate de tu cuerpo, entra aquí y ve lo que puedes lograr con este programa.

Renata

¿Estas ya dispuesta a regresar a tu cuerpo?