Cada vez que tratamos de cambiar los hábitos buscamos autodisciplinarnos, el problema es que para lograr eso usamos la fuerza de voluntad y eso nos hace sufrir.

La fuerza de voluntad es como un músculo, si abusas de ella se agota y te fatigas, es por lo que usar la fuerza de voluntad pocas veces da resultados duraderos.

El problema es que creemos que la forma de entrenar la fuerza de voluntad es con autodisciplina.

La autodisciplina tiene poco o nada que ver con la fuerza de voluntad.

¿Por qué la fuerza de voluntad no sirve?

Nuestros comportamientos no se basan en nuestra lógica o en nuestras ideas.

Eso puede influir nuestras decisiones, pero lo que determina realmente lo que hacemos no es la lógica, sino lo que sentimos.

Nuestros comportamientos se basan en lo que sentimos.

La teoría y el conocimiento son indispensables para lograr un cambio, pero no sirven de nada si no tenemos un sentimiento positivo en relación con ese cambio.

Todos los fumadores saben que fumar tiene muchas desventajas, saben que causa cáncer, que entre más fumen más fuerte va a ser su adicción etcétera, tienen toda la teoría (la lógica) para dejar de fumar pero, ¿por qué no lo dejan?

Cambiar un hábito usando sólo la fuerza de voluntad no nos hace sentir bien.

Hacemos lo que nos hace sentir bien y nos alejamos de lo que nos hace sentir mal, y creemos que la única forma de dejar de hacer lo que nos hace sentir bien y hacer lo que nos hace sentir mal, es usando la fuerza de voluntad para negar lo que queremos, negar nuestras emociones y hacer “lo correcto”.

Históricamente hemos aprendido que negarnos lo que queremos es una virtud, que negarnos lo que nos causa placer es ser virtuosas, y eso nos ha hecho asumir que fuerza de voluntad = autodisciplina. 

Llevamos años creyendo que la fuerza de voluntad se fortalece al negarnos lo que queremos, al negar nuestras emociones.

El problema grande empieza cuando creemos que lo que queremos es malo, y en el momento en el que lo etiquetamos como malo nos etiquetamos a nosotras mismas como malas, porque estamos haciendo eso que consideramos malo.

¿Quieres ese plato de pasta? ¡No!, no debes comer basura, eso es malo y si lo haces eres mala, tienes que aguantarte para ser buena.

Creemos que una persona que puede decirle no a la pasta hace algo bueno por lo tanto es una persona buena, y le damos a la comida un valor moral.

Eso te hace bien, entonces eres buena si lo comes.  Eso te hace mal, si lo comes eres mala, si te lo comes eres un fracaso.

Al relacionar la fuerza de voluntad con un tema moral, nos sentimos mal por hacer las cosas que nos hacen sentir bien.

Autodisciplina = autocastigo

Hemos aprendido a autodisciplinarnos a través de estar avergonzadas de nosotras mismas, a través de odiarnos por ser como somos, con la idea de que así, negándonos lo que queremos hacer, vamos a lograr hacer lo que debemos hacer.

Disciplinarnos con vergüenza funciona, pero sólo por un rato.

El caso típico que es la fuente de mucha vergüenza a nivel mundial es el del sexo, al cerebro le gusta el sexo, pero si fuiste educada como casi todas las mujeres del mundo, te enseñaron que el sexo es malo, que hay que esconderlo, guardarlo y que si no lo haces entonces eres horrible.

Se siente bien, pero de alguna forma no está bien y eso nos lleva a un lugar de mucha culpa y ansiedad, aunque estemos casadas y el sexo ya sea “permitido”.

En muchos casos eso nos puede llevar al extremo de buscar muchas parejas, y sexo desenfrenado, pero eso tampoco nos hace sentir bien.

En el caso de la comida pasa lo mismo, la autodisciplina mal llevada nos puede llevar a comer de forma compulsiva.

La autodisciplina que se basa en negar parte de lo que somos o sentimos no es sostenible.

La realidad es que negarnos lo que sentimos nos lleva a una disfunción emocional y eso nos lleva a autodestruirnos; al abuso.

Y cuando terminamos de abusar ya sea del sexo o de la comida, nos sentimos más mal que bien y nos avergonzamos y juzgamos más y más.

Cualquier cosa con la que te quieras autodisciplinar tiene que hacerte sentir bien, tiene que ir de la mano de tus emociones, o tus emociones van a trabajar en tu contra.

Otra forma de escapar de la tensión y vergüenza que nos da el moralizar la fuerza de voluntad, es la de anestesiar la emoción buscando algo que nos distraiga de lo que sentimos.  Las drogas y el alcohol son una clásica forma con la que anestesiamos nuestras emociones, otras muy frecuentes son el ejercicio o la comida.

Pero siempre que queremos anestesiar las emociones éstas salen por algún otro lado, eso nos lleva a abusar de las drogas o del alcohol, a hacer ejercicio como locas o a abusar de la comida.

La vergüenza no se puede anestesiar, sólo cambia su forma de expresarse.

Cuando alguien anestesia sus emociones con comportamientos “correctos” como el ejercicio, lo alabamos sin darnos cuenta de que el exceso de ejercicio, a nivel sanidad mental,  es tan preocupante como el exceso de alcohol.

Negar lo que sentimos y anestesiar nuestras emociones es muy fácil cuando no nos queremos, cuando no nos amamos.

La autodisciplina que se basa en negarnos lo que nos gusta siempre nos lleva a disfunciones enormes y termina con alguna conducta autodestructiva.

Negarnos a nosotras mismas = disfunción emocional = autodestrucción = a menos autodisciplina.

Con mucha fuerza de voluntad puedes empezar a ir al gimnasio todos los días, pero si al terminar de hacer tu ejercicio no te sientes muy bien entonces vas a perder la motivación y la fuerza de voluntad por lo que vas a dejar de ir.

La autodisciplina tiene que ir de la mano de tus emociones y no contra ellas.

La autodisciplina no se basa en negarnos nada, ni en la fuerza de voluntad, se basa en la autoaceptación.

Acéptate y disciplínate.

Casi todas las personas que buscan bajar de peso se odian cuando se dan cuenta de que están repitiendo eso que juraron que ya no iban a hacer.  Si comen chocolates se odian por hacerlo, si se comen el pastel se odian, si se comen el helado se odian.

El primer problema es relacionar lo que haces con algo moralmente incorrecto, comer helado no te hace una fracasada, a todos se nos antoja el helado de vez en cuando y eso no es malo.

Pero si lo vemos como algo malo entonces nos juzgamos por ser malas.

El problema es que no nos damos cuenta de lo fuerte que nos juzgamos cuando hacemos algo “malo”:

Como helado, soy mala.

Como pastel, soy mala.

No me queda el pantalón, soy mala.

Estoy leyendo cómo me juzgo y ¡yo hago eso!, soy mala.

Autodisciplina sin fuerza de voluntad.

Cuando nos damos cuenta de que hacer algo que consideramos malo no nos hace malas entonces la cosa cambia.

Una vez que realmente entiendes que todos hacemos cosas “malas” y eso no nos hace malas personas, entonces puedes darle la vuelta a los hábitos no deseados que tengas.

Analiza qué emociones y sentimientos son los que te llevan a tener esos hábitos no deseados.

Con el simple hecho de aceptar y entender tus emociones ya estas logrando trabajar con ellas a tu favor y no en tu contra.

Analiza cuáles son tus hábitos no deseados, los que quieres cambiar y cambia el sentimiento buscando recompensas cuando tengas el comportamiento correcto que buscas.

Tienes que cambiarlos de forma en la que lo que hagas te haga sentir bien, la mejor forma es escribiendo lo que vas a lograr y/o dándote una recompensa.

Prémiate cada vez que hagas el comportamiento que buscas.

Por ejemplo:

  • Al hacer una buena comida con alimentos sanos ya estás más sana.

Estas tan sana como tu última comida.

  • Con 1 día de no comer azúcar cambias la química hormonal de tu cuerpo y éste se prepara para empezar a quemar grasa en pocas horas.
  • Compra una alcancía y ponle 100 o 200 pesos por cada día que pases sin comer helado y piensa en el vestido, zapatos o masaje que te vas a regalar cuando llegues a un mes.

Cuando te das cuenta de todo lo que puedes ganar con un solo día de mantener el comportamiento correcto que buscas, cambias el sentimiento y ahora ese comportamiento te hace sentir bien.

Como resultado vas a poder autodisciplinarte sin tener que usar la fuerza de voluntad.

Renata

¿Qué tipo de recompensas te vas a dar?