Todos tenemos momentos de luz y de obscuridad, de felicidad y de tristeza, y lo que pensamos de cada uno de estos momentos es lo que marca la diferencia.

Luz y sombras

Nuestras vidas están llenas de momentos difíciles, desde un mal día en el trabajo, el fin de una relación, o simplemente momentos de insatisfacción con nuestra vida.

Estos momentos difíciles nos pueden llenar de tristeza.

Estamos muy condicionados a negarlos y evadirlos pues la sociedad nos impone el que “debemos” estar siempre felices.

Estamos programados culturalmente para ver los momentos de tristeza como una debilidad.

Dolor.

Nuestro cerebro recibe la información que recopilamos con nuestros 5 sentidos, por ejemplo, el sentido del tacto nos protege de los riesgos de nuestro medio ambiente.

Cuando sin querer pones la mano sobre algo caliente, instintivamente la quitas al instante en el que sientes el calor, esto es un ejemplo de cómo nuestros 5 sentidos le mandan información al cerebro que nos protege. 

Todos los seres vivos huimos del dolor y nos acercamos al placer.

El dolor representa un riesgo y todo lo que nos pone en riesgo activa la respuesta al estrés, pues el cuerpo está programado para sobrevivir y el riesgo puede ser sinónimo de muerte.

Pero no son únicamente nuestros 5 sentidos la fuente de información del cerebro, nuestras emociones y pensamientos también mandan continuamente información a nuestro cerebro y éste las interpreta como riesgo o no.

El cerebro interpreta el dolor emocional de la misma forma en la que interpreta el dolor físico, por lo que nuestra respuesta lógica es alejarnos de él, huir, “quitar la mano” y tratar de no sentirlo.

Dolor emocional = dolor físico.

Eso es parte de nuestra programación básica primitiva, y a diferencia del quitar la mano cuando está sobre algo caliente para alejarnos del dolor, el alejarnos de nuestras emociones dolorosas no nos aleja del riesgo, pues aún cuando tenemos la misma programación que el resto de los seres vivo, nosotros tenemos algo más que debemos cuidar; el alma.

Los seres humanos somos mente, cuerpo y alma.  Lo que afecta una de las partes, afecta el todo.

Momentos obscuros.

Todos podemos tener una o varias noches obscuras del alma, y no podemos evitar los efectos de estos momentos con sólo negarlos.

Nuestra luz y nuestra obscuridad son parte de lo que somos, y cuando negamos una parte de nosotros estamos lastimando el alma.

Disfrutamos de los momentos felices porque conocemos los no felices, esto es el yin yang.  La felicidad y la tristeza, la luz y la sombra, son fuerzas complementarias que interactúan en nosotros y nos permiten ser un ser completo.

La sombra no existe sin la luz, ni la luz sin la sombra.

Esos momentos obscuros no son el enemigo aún cuando nuestro cerebro los reconozca como riesgo.

Cuando nos forzamos a vivir siempre en la luz, quien paga el costo es el alma.

Cada momento de sombra llega a nosotros a enseñarnos algo, permítete escucharlo y sentirlo, y deja que fluya a través de tu cuerpo, de tu mente y de tu alma.

¿Qué podemos hacer durante la obscuridad?

  • Escribe. Una de las cosas que más me sirve a mí para escuchar y aprender de mis momentos obscuros, es escribir.

Plasma tus emociones en un papel, escribe lo que sientes y permítete sentir, si tienes ganas de llorar hazlo y siente cómo poco a poco se libera el alma.

  • Medita. Conecta con tu corazón y agradece.  Agradece por este momento de melancolía sanadora y pregúntale a tu corazón qué es lo que debes aprender de esta situación.
  • Ponte en contacto con la naturaleza. La energía de la naturaleza es sanadora, sal a dar un paseo, camina descalza sobre la tierra o el pasto y fúndete con la energía de la Tierra, permítele que entre a tu alma y la abrace.  
  • Respira.  Reconoce que estas en un momento de obscuridad y vívelo, respira profundamente y mándale la señal al cuerpo de que todo está bien, de que vas a permitirle a tus emociones fluir tranquilamente.
  • Confía.  Confía en la bondad de un ser superior, no busques tener todas las respuestas, simplemente confía y suéltate.

Todas las emociones que bloqueamos y no nos permitimos sentir, se expresan físicamente de alguna forma, con alguna enfermedad o hasta con sobrepeso.

Date cuenta de que estos momentos no son un riesgo, son un maestro, un amigo que llegó a darte la oportunidad de renovarte. 

Date permiso de caminar por la obscuridad hasta que nuevamente llegue la luz porque, así como todos pasamos por las sombras, todos regresamos eventualmente a la luz.

Mis momentos obscuros del alma me han enseñado a soltar, a no querer controlarlo todo, ¿qué te han enseñado los tuyos?