No es un secreto que el sobrepeso y la obesidad han aumentado mucho en los últimos años, esto tiene mucho que ver con las señales que manda el cerebro. Estas señales pueden no ser las correctas y dependen de qué estás comiendo.

Comes lo que tu cerebro decide.

Muchas veces decidimos que vamos a darle sólo una probada al pastel y terminamos comiendo un gran pedazo, ¿te ha pasado? No importa que conscientemente decidas no hacerlo pues aquí quien manda es el cerebro.

Nuestro cerebro inconscientemente responde a las señales de las hormonas del cuerpo.

Sólo el 5% de las decisiones que tomamos en el día son las que nuestro cerebro consciente decide, las demás vienen de nuestro inconsciente.

Nuestro cuerpo tiene muchos programas que funcionan sin que nos demos cuenta. En lo relacionado con la comida muchos de los programas funcionan en automático, pues de estos programas depende que sobrevivamos o no, y el cuerpo está programado para sobrevivir.

¿Por qué comemos?

Hay 2 razones por las que comemos:

1. Para obtener la energía que necesitamos para vivir.

2. Por placer o para manejar nuestras emociones.

Casi todas nuestras comidas son una mezcla de estas 2 razones. Aquí te voy a hablar de las hormonas y no de las emociones; aunque muchas de nuestras decisiones de comida dependen de nuestros pensamientos, emociones y experiencias, hoy te voy a hablar sólo del efecto de las hormonas en el cerebro.

La grelina (hormona del hambre), estimula el apetito. Esta hormona sube cuando debemos comer y baja cuando comemos. Cuando el nivel de grelina está alto nos da hambre y buscamos comer.

La leptina y el cerebro.

Nuestro cuerpo tiene una forma de administrar la energía que tenemos almacenada y los nutrientes que necesita, para esto usa las señales que le manda la hormona leptina.

La leptina es una hormona que libera el tejido adiposo (la grasa del cuerpo). Esta hormona le dice al cerebro cuánta energía hemos consumido, y cuánta energía extra tenemos guardada como grasa.

Entre más grasa tengamos, más altos vamos a tener los niveles de leptina en la sangre.

El cerebro toma las decisiones de apetito, consumo de calorías, absorción de nutrientes y almacenamiento de energía basándose en nuestros niveles de leptina, es una forma natural del cuerpo para nivelar la cantidad de grasa que acumulamos pero no siempre funciona de forma correcta.

Si tenemos grasa almacenada y el nivel de leptina está estable no vamos a tener hambre entre comidas, podemos comer porciones chicas sin sentir que nos hace falta comer más, y nuestro metabolismo se mantiene muy activo.

Si tenemos grasa almacenada con niveles constantemente bajos de leptina, el cerebro manda la señal de que el cuerpo se debe preparar para entrar en hambruna lo que, entre otras cosas, desacelera el metabolismo.

Los niveles bajos de leptina hacen que:

  • Nos dé mucha hambre.
  • Nos empecemos a mover menos por falta de energía pues el metabolismo se desacelera.
  • Quememos menos calorías con el movimiento pues el cuerpo está en hambruna, necesita cuidar la energía  y al desacelerar el metabolismo ahorra energía.

Entonces si subimos el nivel de leptina deberíamos de comer menos, acelerar el metabolismo y tener más energía ¿cierto?, pues desgraciadamente no siempre es así.

La leptina sube cuando comemos, pero el nivel varía de persona a persona y el cómo responde tu cerebro a los niveles de leptina también varía de persona a persona. En algunas personas cuando el nivel de leptina sube el hambre se quita de inmediato, y en otras personas la respuesta a la leptina no es tan fuerte.

La sensibilidad a la leptina varía de persona a persona.

Muchas personas desarrollan insensibilidad a la leptina, esto es que su cerebro no “lee” bien las señales de la leptina lo que hace que, aunque el nivel de leptina sea alto, el cerebro no mande la instrucción de “alto” para dejar de comer.

La comida que comemos cambia nuestro cerebro.

Hay muchos tipos de comida que cambian la sensibilidad de nuestro cerebro a la leptina.

La comida chatarra que es dulce, salada, muy cremosa, crujiente, alta en grasa trans o llena de químicos, tiene muy pocos nutrientes y al comerla la leptina no sube pues, aunque sí recibes muchas calorías no recibes suficientes nutrientes por lo que el nivel de leptina no sube lo suficiente.

Cuando la comemos nos sentimos menos satisfechas y queremos seguir comiendo. Lo triste de esto es que mucha de la comida chatarra está diseñada para que esto pase.

La comida chatarra y mucha de la comida rápida, están específicamente diseñadas para que el cerebro deje de leer las señales de la leptina por lo que comemos de más.

Si amas la comida chatarra y no puedes dejar de comerla, no es tu culpa. Las empresas alimenticias gastan millones de dólares para diseñarla de tal forma que tu cerebro cambie al comerla e ignore las señales de tu cuerpo; obviamente así ellos ganan más dinero, pero tú sólo ganas más peso y pierdes tu salud.

Nuestro cerebro ama la comida procesada que se ha diseñado para que la amemos, pero nuestro cuerpo no la quiere.

Esta comida es adictiva y baja en nutrientes, nos dan más energía de la que necesitamos y menos fibra y nutrientes de los que el cuerpo nos pide, por lo que no nos llena.

Como es adictiva, el cerebro no manda la señal de alto ya que al comerla producimos hormonas del placer; es lo mismo que pasa con las drogas como la cocaína. Esto hace que comamos sólo por placer buscando la sensación de recompensa que esta comida nos da, y cuando la comemos por un tiempo, el cerebro se daña y deja de escuchar las señales de la leptina.

No importa cuánta grasa tengamos almacenada, si el cerebro no escucha la señal de la leptina vamos a seguir comiendo sin necesitarlo.

La comida chatarra daña las neuronas del hipotálamo, cambia la flora intestinal y esto nos lleva a una inflamación hipotalámica.

Cambia tu comida y cambia tu cerebro.

Si quieres cambiar la forma en la que tu cerebro lee la señal de la leptina para que funcione como debe de hacerlo y no acumules grasa de más, sigue estos pasos:

Paso 1: Come más alimentos reales, frescos y sin procesar.

Esto es:

  • Carne magra, huevo entero, pollo o proteína vegetal.
  • Frutas y verduras de todos los colores
  • Alimentos con fibra como las leguminosas
  • Semillas, nueces, aguacate, coco, pescados grasos y todos los alimentos reales que contengan grasas buenas.

Paso 2. Come despacio y con consciencia plena.

No importa qué es lo que vayas a comer, si lo haces despacio y con consciencia plena, utilizando tus 5 sentidos, vas a mandarle a tu cerebro las señales correctas.

Pon atención a lo que comes y disfruta todos tus alimentos con tus 5 sentidos.

Paso 3. Come menos alimentos procesados y elimina la comida chatarra y rápida de tu dieta.

El paso 1 y 2 hacen que hacer el 3 sea más fácil, si comes suficientes cosas sanas y siempre con consciencia plena se te va a antojar menos la comida chatarra, y como tu cuerpo va a estar nutrido no te va a pedir que comas de más.

Si haces estos 3 pasos de forma continua te vas a dar cuenta de que vas a estar más en control de tus decisiones de comida, más satisfecha con menos comida y por más tiempo.

También vas a lograr que tu cerebro escuche perfectamente las señales de la leptina por lo que vas a quemar grasa de una forma muy eficiente.

¿Crees que tu cerebro hace caso omiso a las señales de la leptina?